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El informe SOFIA 2026 de la FAO confirma que las capturas marítimas desembarcadas alcanzaron las 80 millones de toneladas en 2024, con los cefalópodos ganando protagonismo en la composición global de los desembarques. En el Atlántico Sudoccidental, la Merluza común (Merluccius hubbsi) persiste sobreexplotada en ambos stocks, mientras el Langostino (Pleoticus muelleri) es destacado como caso de gestión exitosa.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) publicó el informe The State of World Fisheries and Aquaculture 2026 (SOFIA), su publicación insignia sobre el sector pesquero y acuícola mundial, con datos actualizados al año 2024. El documento traza un panorama de estabilidad relativa en los volúmenes de captura, pero con señales de alerta persistentes sobre el estado de los recursos: la proporción de stocks marinos explotados dentro de niveles biológicamente sostenibles volvió a caer, y el Atlántico Sudoccidental no es la excepción.

La pesca extractiva: estabilidad con techo visible

La producción mundial de pesca y acuicultura alcanzó las 92 millones de toneladas en 2024 (sin incluir algas), manteniéndose dentro del rango de oscilación observado desde fines de los años ’80, que se extiende entre las 86 y las 94 millones de toneladas. De ese total, la pesca marítima aportó cerca de 80 millones de toneladas — el 41% de toda la producción acuática animal mundial, si se suma también la acuicultura, que por primera vez superó las 100 millones de toneladas en 2024.

Los cinco países con mayor volumen de capturas —China (15%), Indonesia (9%), Perú (7%), Rusia (6%) e India (5%)— concentraron el 42% del total desembarcado. Asia continúa dominando la captura global con el 52% del volumen total, seguida por América Latina y el Caribe (15%) y Europa (14%).

Un cambio estructural en las especies capturadas

Desde 2010, las tres principales especies de captura marina a nivel mundial no han variado. Sin embargo, el informe advierte que la composición general está evolucionando: las especies tradicionales de ciclo largo y alto nivel trófico tienden a estabilizarse o declinar —ya sea por sobrepesca o por los efectos del cambio climático—, mientras que nuevas especies o aquellas históricamente subexplotadas ganan terreno.

En ese contexto, el ascenso de los cefalópodos es uno de los fenómenos más marcados de la última década. El Calamar de Humboldt (Dosidicus gigas), el Calamar argentino (Illex argentinus) y taxones afines incrementaron significativamente su participación en los desembarques globales. La FAO los menciona de forma explícita como protagonistas de este cambio en la composición de la pesca de captura marina. En 2024, el Illex argentinus registró capturas del orden de las 481.000 toneladas, posicionándose como uno de los cefalópodos más relevantes en las estadísticas globales.

El estado de los recursos: una caída que preocupa

El dato más sensible del informe es el retroceso en la sostenibilidad de los stocks. El porcentaje de stocks pesqueros marinos explotados dentro de niveles biológicamente sostenibles cayó del 64,5% en 2021 al 62,4% en 2023. La FAO atribuye la baja a revisiones metodológicas y actualizaciones en los criterios de evaluación, pero reconoce también deterioros reales en algunas zonas.

Sin embargo, cuando el análisis se pondera por volumen de desembarques, el panorama mejora: el 72,6% de las capturas de stocks evaluados por la FAO proviene de poblaciones explotadas de forma sostenible, lo que indica que los stocks de mayor tamaño e importancia económica tienden a estar mejor gestionados.

Argentina y el Atlántico Sudoccidental (Área 41)

Para el Área 41 —que comprende el Atlántico Sudoccidental y es la zona de referencia para las principales pesquerías argentinas— el informe traza un balance mixto. Las capturas totales de la región oscilaron entre 1,5 y 2,6 millones de toneladas desde mediados de los ’80; en 2023 rondaron los 2,0 millones de toneladas.

Las tres especies que dominan la producción regional son la Merluza común (Merluccius hubbsi) con el 22% de los desembarques, el Calamar (Illex argentinus) con el 20%, y el Langostino (Pleoticus muelleri) con el 10%. En conjunto, estas tres especies representan el 52% de la producción del área.

De los 67 stocks evaluados en 52 especies, el 55,2% fue clasificado como biológicamente sostenible en 2023, lo que representa una caída de 2,8 puntos porcentuales respecto de 2021 y ubica al Atlántico Sudoccidental por debajo del promedio global. El informe marca con claridad la situación de cada recurso:

  • Merluza Común (Merluccius hubbsi): permanece sobreexplotada en ambas unidades de stock —norte y sur—, a pesar de la recuperación parcial observada bajo el esquema de cuotas y las medidas de protección espacial vigentes. La Corvina blanca (Micropogonias furnieri), especie clave para la pesca artesanal e industrial costera, también continuó sobreexplotada en 2023.
  • Calamar (Illex argentinus): clasificado como biológicamente sostenible. Junto con el Calamar Loligo (Doryteuthis gahi), contribuyó de forma sustancial a las capturas regionales en 2023.
  • Langostino (Pleoticus muelleri): mencionado explícitamente como un caso de gestión exitosa. Su stock es clasificado como biológicamente sostenible gracias a una combinación de cierres estacionales y por zona, y un monitoreo robusto.

En ese contexto, Argentina aparece en el puesto 20 del ranking mundial de pesca marina, con 871.000 toneladas desembarcadas en 2024, lo que representa el 1,1% de la producción global. Es el único país del Cono Sur presente en ese listado de los 25 mayores productores.

El dato más llamativo que arroja el informe para el país, sin embargo, es el de las proyecciones: según las estimaciones de la FAO, la producción pesquera y acuícola argentina se mantendría prácticamente sin cambios hacia 2034, con 892.000 toneladas proyectadas frente a las 892.000 actuales —un crecimiento del 0,0%—. Es uno de los pocos países del mundo al que el informe no le asigna expansión en el período, en contraste con el promedio global del 9,9% y con vecinos como Chile (+13%) o Brasil (+17%).

El comercio internacional

El comercio internacional de productos acuáticos —pescados, mariscos y derivados de acuicultura— alcanzó los USD 186.000 millones en 2024, involucrando a 230 países y territorios. América Latina y el Caribe participó con el 15% del valor exportado, siendo la tercera región exportadora detrás de Europa (38%) y Asia (34%). Entre los principales exportadores de la región se destacan Chile y Ecuador, cada uno con el 5% del total global.

La Unión Europea se consolidó como el mayor mercado importador de productos pesqueros y acuícolas, alcanzando un valor total de USD 63.000 millones, de los cuales aproximadamente la mitad correspondió al comercio intracomunitario. Los cinco principales países importadores concentraron el 43% del total mundial, liderados por Estados Unidos (15%), seguido de China (12%), Japón (7%), España (5%) e Italia (4%).

En cuanto a los productos más comercializados, los peces de escama representaron el 68% del valor total, seguidos por los crustáceos (22%) y los moluscos e invertebrados acuáticos (11%). Por grupos de especies, los salmones, truchas y esperlanos ocuparon el primer lugar en valor comercial (21%), seguidos de los camarones y gambas (16%), los atunes, bonitos y marlines (10%), los bacalaos, merluzas y eglefinos (8%) y los cefalópodos (7%).

Perspectivas al 2034

El informe proyecta que la producción pesquera y acuícola total alcanzará las 214 millones de toneladas en 2034, un incremento del 10% respecto a 2024. La pesca crecería apenas un 3%, hasta las 95 millones de toneladas, en tanto que la acuicultura avanzaría un 16%, llegando a las 119 millones de toneladas y consolidándose como el sector dominante: para 2034, aportará el 56% de la producción total frente al 53% actual.

Bajo escenarios de altas emisiones de carbono, los recursos pesqueros disponibles podrían reducirse más del 10% hacia 2050 en varias regiones, con las pérdidas más pronunciadas en aguas tropicales y subtropicales. La FAO subraya que reducir la presión sobre los stocks y permitir su recuperación puede compensar parcialmente esas pérdidas, especialmente si se avanza en la reducción de emisiones de carbono.